¿Campus 42 en Paraguay?… Yo te cuento qué es, desde adentro
Sin profesores, sin libros y sin un solo examen tradicional. Solo una pantalla negra, código en C y decenas de desconocidos aprendiendo a corregirse entre sí. Así YO viví La Piscina, el primer filtro de entrada de la red de escuelas 42 (conocida internacionalmente como School 42), y yo la atravesé en el campus de Urduliz, en el País Vasco. Por eso, cuando el Gobierno paraguayo anunció que 42 desembarca en el país, no lo leí como una noticia más de tecnología: Sé exactamente lo que significa entrar ahí.
El 25 de mayo de 2026, el presidente Santiago Peña confirmó que School 42 abrirá en Paraguay durante el primer trimestre de 2027, en una alianza público-privada entre el Estado y Millicom, el grupo dueño de Tigo. Como toda 42, será completamente gratuita: Sin cuotas, sin título previo, sin necesidad de haber escrito una línea de código antes. El único requisito es ser mayor de edad. Y eso, para un país que quiere exportar talento en lugar de solo materias primas, no es un anuncio menor: Es un cambio de categoría.
Una escuela sin profesores: La filosofía del «up2u»
La primera vez que uno escucha el modelo, no lo cree. En 42 no hay profesores, no hay clases magistrales, no hay libros ni exámenes teóricos. La fundó Xavier Niel en París en 2013 sobre una idea incómoda para el sistema educativo tradicional: Que se aprende a programar ‘programando’, y que el mejor corrector de tu código no es un docente, sino otro estudiante que está peleando el mismo problema que vos. Todo funciona como un videojuego: Avanzás por niveles, ganás experiencia resolviendo proyectos reales sobre Linux, y cada entrega la evalúan tus propios compañeros.
Esa es la apuesta de la escuela: No te da respuestas masticadas, te entrena para hacer las preguntas correctas. En un rubro que cambia cada seis meses, esa es la única habilidad que no caduca.
Hay una anécdota que resume esa filosofía mejor que cualquier folleto. En Urduliz, cada vez que yo preguntaba algo a alguien del staff, la respuesta era siempre la misma: Up2U. «Up to you» (depende de vos). No te dan la solución; te la devuelven para que la encuentres. Tanto es así que había una pared entera, pintada con esas siglas en el campus.

Y no es pereza: Es el ADN de la escuela, escrito hasta en su nombre. «42» es un guiño a La Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams, donde una supercomputadora tarda 7.5 millones de años en calcular la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás y el resultado es, simplemente, 42. El chiste es que nadie supo formular bien la pregunta. Esa es la apuesta de la escuela: No te da respuestas masticadas, te entrena para hacer las preguntas correctas. En un rubro que cambia cada seis meses, esa es la única habilidad que no caduca.
Sobrevivir a la piscina

Antes de ser admitido, hay que atravesar La Piscina: 26 días consecutivos, de lunes a domingo, entre diez y catorce horas diarias picando código en C, con proyectos que dependen de gente que conociste hace tres días. No exagero cuando digo que fue una de las experiencias más intensas por las que pasé. No buscan al que ya sabe programar —muchos entran sin saber nada—; buscan al que aguanta la frustración, pide ayuda a tiempo, corrige a otros con criterio y no se rinde cuando el código no compila a las dos de la mañana. Si intentás ser un lobo solitario, estás afuera.

Y la exigencia no baja una vez adentro. Hay un contador llamado Black Hole: Cada proyecto aprobado te suma días de vida, pero si te estancás y el reloj llega a cero, quedás expulsado automáticamente. Y un corrector de estilo, la Norminette, que te pone un cero si tu programa funciona perfecto, pero tiene un espacio de más. Suena despiadado, pero enseña algo que ninguna materia teórica logra: A escribir código que otro ser humano pueda leer.
Mucho más que un aula: El campus como hub tecnológico

Hay algo que no se ve desde afuera y que, para mí, fue tan valioso como el propio código: Un campus 42 no es solo un aula, es un hub que late todo el año. En Urduliz me tocó estar en charlas y conferencias de desarrollo de software —el campus dicta incluso bootcamps gratuitos de IA, arquitectura de software y ciberseguridad— y en encuentros con referentes de la industria. Uno de ellos fue Brais Moure (MoureDev), uno de los divulgadores de programación e inteligencia artificial más seguidos en español, Microsoft MVP y GitHub Star, que pasó por el campus a compartir su experiencia con la comunidad.

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Pero quizás lo más impresionante fue vivir desde dentro el NASA Space Apps Challenge, el hackathon STEAM más grande del mundo: Solo en 2024 se presentaron más de 9.900 proyectos a nivel global y Urduliz 42 fue sede oficial por tercer año consecutivo. Estudiantes del propio campus llegaron a ganar retos reales planteados por la NASA. Eso es lo que de verdad se instala en Paraguay: No un edificio con computadoras, sino un nodo permanente conectado a la conversación tecnológica del mundo.
¿Y esto sirve para conseguir trabajo?
Es la pregunta que todos hacen, y los números contestan que sí. En los campus europeos que conozco, la inserción laboral de quienes terminan el tronco común ronda el 100%. En 42 Málaga hay casos como el de Marta Jiménez, que venía de Periodismo, sin ningún background técnico, y consiguió empleo a las tres semanas de haber empezado. Las empresas cazan a estos perfiles porque saben que son autodidactas capaces de aprender cualquier tecnología por su cuenta.
Pero lo más impresionante son los que no salieron a buscar empleo, sino que crearon el suyo. De 42 salieron fundadores como Baptiste Jamin, creador de Crisp, una plataforma de atención al cliente usada por más de 200.000 empresas en el mundo; o el equipo detrás de MeiliSearch, un motor de búsqueda de código abierto que levantó 15 millones de dólares de inversión. Hay egresados que hoy son ingenieros en NVIDIA o en la aeroespacial Dassault, y muchos entraron sin haber tocado jamás una línea de código. Esa es la promesa que aterriza en Paraguay: No un curso más, sino una puerta.
El detalle que casi nadie contó: ¿Quién trae 42 a Paraguay?

Acá hay una conexión que la mayoría de las notas pasó por alto. Xavier Niel no solo fundó la red 42: En los últimos años se convirtió en el mayor accionista individual de Millicom, la matriz de Tigo. Dicho de otro modo, el mismo hombre que inventó este modelo educativo hoy controla la empresa que lo desembarca en Paraguay. No es filantropía suelta: Es un ecosistema pensado. Niel forma talento gratis con 42 y opera la infraestructura digital con Millicom en media región.
Para un país mediterráneo, sin salida al mar, la jugada tiene una lógica difícil de discutir. El talento digital se exporta por fibra óptica: No necesita puerto, no paga flete y no se pudre. Formar programadores de nivel internacional, gratis y dentro del país, es quizás la apuesta más concreta que se haya hecho para meter a Paraguay en la economía del conocimiento.
- «El conocimiento y el talento digital son la exportación perfecta para conectarnos», Santiago Peña, presidente de Paraguay
¿Está listo Paraguay para aprender distinto?
Tengo pocas dudas sobre el modelo: Lo viví y sé que funciona. Mi pregunta es otra. 42 exige algo que a muchos nos cuesta: Tolerar no tener un profesor que te diga si está bien o mal, equivocarte en público, pedir ayuda sin «ser koyguá» (sin ser tímido) y competir sin destruir al de al lado. ¿Es un método para todos? Creo que no.
Y si estás leyendo esto con la idea dándote vueltas, pero el miedo puede más, escribime. Pasé por la piscina y sé lo que se siente mirar esa pantalla en blanco a las tres de la mañana. Si necesitás un empujón, una orientación o simplemente alguien que te diga «dale, intentá», vas a encontrarme en diegochimps.com. A veces, para animarse a saltar, alcanza con saber que del otro lado hay alguien que ya se tiró.
Aunque, siendo honesto, hay una sola respuesta de fondo, la misma que leí mil veces en aquella pared de Urduliz. «Up2U. Depende de vos».
Diego Chimps, Project Manager & Systems Architect, Applied AI.